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El error que Ozempic no puede corregir

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El error que Ozempic no puede corregir

Nadie empieza a usar Ozempic pensando en el efecto rebote.

Se empieza pensando en el alivio.

Alivio de la frustración.
Alivio del cansancio.
Alivio de haberlo intentado todo sin resultados duraderos.

Se empieza con esperanza. Y eso es precisamente lo que vuelve a estas drogas tan peligrosas.

Porque cuando algo promete resultados rápidos, sin esfuerzo aparente y con mínima incomodidad, no solo atrae atención: suspende el pensamiento crítico. Apaga la pregunta incómoda. Esa que casi nadie quiere hacerse:

¿Qué pasará cuando lo deje?

La clave detrás de estos medicamentos es una hormona llamada GLP-1. El cuerpo la produce de forma natural después de comer y su función es simple: regular el apetito, generar saciedad y ayudar a controlar el azúcar en sangre.

  • Actúa en el cerebro, reduciendo las ganas de comer.
  • En el estómago, haciendo que la comida permanezca más tiempo.
  • Y en el páncreas, estimulando la secreción de insulina, y reduciendo la secreción de glucagón.

En términos simples, estas drogas no aceleran el metabolismo. No queman grasa. No transforman el cuerpo.

Solo hacen una cosa:

Silencian el hambre.

Y eso, al comienzo, funciona.

Ozempic, Saxenda y Mounjaro no fueron creados para bajar de peso.

Fueron desarrollados para tratar la diabetes tipo 2, una enfermedad caracterizada por una mala regulación de la glucosa y cuya puerta de entrada es la resistencia a la insulina.

Durante los ensayos clínicos, ocurrió algo inesperado: los pacientes comenzaron a perder peso de manera consistente.

Ese “efecto secundario” abrió una oportunidad comercial gigantesca.

Se ajustaron dosis, se diseñaron nuevas versiones y el relato cambió.

Ya no se hablaba de control metabólico, sino de perder peso rápido, sin dietas estrictas y con poco esfuerzo.

Había nacido la nueva píldora mágica.

Los números son seductores.

En base a los estudios, los participantes perdieron entre un 10 y un 20% de su peso corporal en poco más de un año. 

En términos clínicos los números son menos promisorios y más alineados con las dietas convencionales.

Pero bueno, cuando ves que el número de la báscula cambia, la ropa queda mejor, la imagen en el espejo mejora, los comentarios aparecen, y la motivación sube.

Comienzas a caer en la trampa..

Porque mientras el fármaco hace su trabajo, la mayoría no desarrolla nada de lo que realmente sostiene un cuerpo sano en el largo plazo.

  • No se construyen hábitos sólidos.
  • No se entrenan habilidades para manejar ansiedad, hambre emocional o decisiones difíciles.
  • No proteges tu masa muscular con entrenamiento de fuerza.
  • No se ordena el estilo de vida.
  • No se transforma la relación con la comida.


La persona baja de peso, pero sigue siendo exactamente la misma persona que antes, solo que con menos apetito gracias a un fármaco.

Un fármaco que además genera efectos secundarios como:

  • Distensión abdominal
  • Fatiga
  • Nauseas
  • Estreñimiento
  • Diarrea
  • entre otros


Y eso tiene consecuencias.

Cuando el medicamento se suspende, el sistema vuelve a su estado original. El hambre regresa con más fuerza que nunca. La ansiedad por comer reaparece.

Pero ahora hay un problema adicional: durante el tratamiento suele perderse masa muscular, lo que reduce el gasto energético basal.

Tu cuerpo ahora gasta menos energía.

El resultado es predecible.

OZEMPIC: rebote garantizado

Los estudios muestran que entre el 50 y el 70% del peso perdido se recupera durante el primer año tras suspender el medicamento. Y que, en promedio, el 100% del peso perdido se recupera en menos de dos años. 

Y son muy pocos los que trabajan cambios estructurales en el estilo de vida con un equipo multidisciplinario que les permitan sostener los cambios.

No es una excepción.
Es el patrón dominante.

No ocurre porque falte disciplina.
O porque la persona “no se esforzó lo suficiente”.
O porque “no lo hizo bien”.

Ocurre porque el enfoque estaba destinado a fallar desde el inicio.

Estos medicamentos no enseñan a vivir distinto. Solo ofrecen una tregua temporal frente al hambre. Y cuando esa tregua termina, la vida real vuelve a imponerse.

El verdadero impacto de OZEMPIC

Pero el impacto más profundo suele ser otro: pérdida muscular, dependencia psicológica, deterioro de la relación con la comida, y una sensación creciente y frustrante de incapacidad, desesperanza, y pérdida de autoestima.

Ozempic, Saxenda y Mounjaro pueden tener un rol médico válido en casos clínicos específicos, el problema es la fantasía colectiva de que el cambio corporal puede existir sin cambio personal.

Ozempic no es la solución. Vivir como la persona que quieres ser lo es

Durante décadas hemos buscado la solución perfecta: la dieta ideal, el suplemento milagroso, el entrenamiento definitivo, la pastilla salvadora.

Y cada vez que aparece algo nuevo, repetimos el mismo ciclo:

entusiasmo, esperanza, resultados rápidos y fracaso posterior.

No porque falte información.
Sino porque falta identidad.

El cuerpo no se sostiene con motivación. Se sostiene con estructura. Y más profundo aún:

se sostiene con una forma de vivir.

No se trata de qué comes.

Se trata de cómo vive la persona que tiene el cuerpo que quieres alcanzar.

  • Cómo organiza su día.
  • Cómo gestiona su estrés.
  • Cómo prioriza su descanso.
  • Cómo se mueve.
  • Cómo decide cuando está cansada.
  • Cómo actúa cuando nadie la ve.


Mientras no comiences a vivir como esa persona, tu cuerpo siempre tenderá a volver al punto de partida.

Con o sin medicamentos.

Ozempic, Saxenda y Mounjaro no son el problema.

El problema es creer que el cambio puede venir desde fuera.

Como toda píldora mágica y como toda dieta de moda, estas drogas funcionan mientras las usas, y de manera temporal.

Y, por lo tanto, están destinadas a fracasar.

Exactamente igual que todo lo que intenta reemplazar el trabajo interno por una solución externa.

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